sábado, 3 de noviembre de 2012

Intimidades ajenas II

No es correcto empezar atribuyendo, según las profesoras.

"Me duele el alma y se me destroza el corazón", cosas esas palabras una amiga, Tamara,  concluyó su relato.

De acuerdo con lo contado, su corazón se le cayó de las manos hace meses, y todavía no ha sido capaz de doblarse a recogerlo. Y es que es de esperarse, Tamara, tiene una mirada larga y perdida.

Fue alegre, sonriente, exquisita, extrovertida, segura de sí, confiada, tenaz, luchadora, humilde, charlatana, hasta que conoció la entrega.

Entrega que la llevó al climax de su vida, a la cúspide. Se creyó reina y dueña del universo pero no lo duró. Le duró lo que pestañar los ojos: nada.

Cuando viajó entre las entrañas de su amado fue emperatriz y gobernante. Según ella, todavía lo es. Sin embargo asegura que responsabilidades externas -antes de ella- lograron que esos amores fueran de pasadas. De ratos, de momentos, de calenturas, de olvidar unas cosas para vivir otras. Para ella fue más que eso, fue encontrar el amor, alcanzar las estrellas, vivir en plenitud, sin ataduras emocionales. Se sintió libre, querida, deseada, cuidada, toda suya.

Lo que siempre dijo, se cumplió: "que lo perdería todo".

"En todo esto fui la más que perdí", contó.

"¿Qué perdiste Tamara", se le preguntó.

"Todo", respondió.

"¿Qué es todo?", insistimos.

"La vida, el deseo, las ganas, el amor, la pasión, la mente, la sed, el habla, la familia, los amigos, el espacio...todo", sentenció.

"Bueno, pero ¿algo se quedó contigo?", continúamos.

"Si. Todo lo anterior, más la soledad, el dolor, el sufrimiento, la derrota, el mal sabor, los recuerdos que me viven y me atormentan, las lágrimas, la pérdida, la pena, el deseo de desaparecer, su olor, su perfume, su cuerpo, sus besos, su mente, su gran voz -la que me derrite-, sus manos... y más. Sobre todo él", puntualizó mientras se secaba una gota salada de brotaba de su ojo derecho.

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