miércoles, 11 de enero de 2012

Nunca es tarde: Feliz Navidad

Por este medio le afirmo que nunca es tarde para pedir un regalo, y no una cualquiera, sino una que abogue por el bien común.

Con el mismo amor que un día los Tres Reyes Magos le otorgaron incienso, oro, y mirra al Niño Jesús en su humilde pesebre, le pido a nuestro alcalde capitalino Jorge Santini Padilla, un obsequio.

No quiero una bola, ni un paquetito de dulces de los que suele regalar. Tampoco una bandera, ni una camisa con una imagen suya -con todo el respeto que se merece-, pues no pretendo ser parte de su avanzada. 

Sin duda alguna, avanzada puede estar la principal ciudad del País si se empieza a trabajar con el componente mayor: la gente.

La gente de San Juan necesita y mucho.

Empiezo con un sector. Para mí como ciudadana es más importante invertir esos $8 millones que tiene destinado para la ampliación y remodelación del Centro Encuestre de la Capital, para la creación de un centro de ayuda, una hospedería, un albergue o como prefiera llamarle, para los deambulantes que merodean las calles del municipio. Esto partiendo de la premisa que en San Juan está la mayor concentración de personas sin hogar. También tendiendo en cuenta que ya en área metropolitana, gracias a la modernizaciónno se anda en caballo, y menos de paso fino, con lo caro que es su mantenimiento.

El sector de personas sin hogar es diverso, del mismo modo que hay usuarios de drogas, hay ancianos,hombres, mujeres, jóvenes y profesionales. La desolación no tiene parámetro pero sí límites, y usted puede contribuir.

Estos necesitan más de su ayuda que los caballitos que pretende colocar como atracción turística. Sino fuera por las organizaciones sin fines de lucr, quienes hace una excelente labor para estas personas con lo poco que tiene para tantos, qué sería de ellos.

De hecho, y sin duda alguna, la población que participará de este proyecto son personas de estatus social privilegiado. Ciertamente, los residentes de Llorens, Barrio Obrero, Cantera, Capetillo, Trastalleres, Shangai, Israel y Bitumúl, por mencionar algunos, no tiene acceso a un caballobde paso fino, simplemente no tiene uno. Le exhorto a que considere lo que le planteo.

Por otro lado, con el mismo respeto anterior le expongo otro provlena que aqueja a los sanjuaneros, y este es la descuidada situación de las principales carreteras y calles de la ciudad. Esta 'cool' que nos haga en Barrio Obrero jardines paisajistas, pero estos siempre están cerrados y por ende, vacíos. Propongo que la inversión que sobrepasa los $500,000.00 de fondos combinados federales y municipales, -tal como aparece en el boletín informativo que envió en diciembre, acompañado de la polémica postal-, se pudieron o se pueden utilizar para la reconstrucción de las avenidas y carreteras. Me parece que deber ser una prioridad. Ya basta de colocar palchos de brea.

Exhorto a que visite a su pueblo contantemente, que vea lo que inquieta a su gente. No sólo buscan verlo cada cuatro años inpartiendo promesas. Esta gentr necesita confiar en un líder, en un verdadero líder, que pudiera ser usted, si desea trabajar de corazón.

Le hablo como joven, estudiante, residente de San Juan, cuidadana y mujer. Le pido para los miembros de Cantera, para los deambulantes, para los cientos de ancianos sin hogar, por los cientos de niños que se están formando, que merecen una ciudad capital que realmente avanzada.

Nunca es tarde para desearle Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Ps. Estas peticiones las hago bajo su nuevo proyecto "Yo con mi comunidad", aunque pueda romper con los parámetros establecidos, pero ciertamebte yo con mi comunidad no entro en cuentos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexionando sobre la reflexión: que vengo con to'

Todos los años, ya sea en Despedida, en Acción de Gracias o los más enamorados en su 14 de febrero, alzan su infinito agradecimiento a un grado de elogio poetizado. Espero y me entiendas. Este para muchos, incluyéndome, no será la excepción.

Puede ser una especie de ritual, un hábito, una costumbre clichosa, pasada de moda pero viva, un relajo, un conducta aprendida o tan simple como un 'status' de Facebook, o peor una entrada como esta.

Bueno, a fin de cuentas a lo que quiero llegar es a lo mismo que todos. Otorgar una cantidad de agradecimientos, señalaciones, resoliciones, con el grato fin de sacar escorias del camino. Jajaja, como todos.

Daré un agalradecimiento general, como los artistas. Primero a Dios, a mami, a papi por donar la esperma, a mi hermano por sacar el dedo y señalarme aun sabiendo que yo tambien sé señalar pero una sola cosa, verdad.

A mis amigas, mis nenas, mis nenas de periodismo, a las (os) que me aguantan mis rrabascadas. Por mis machitos, osea, mis amigos varones que los amo mucho, gracias a ellos y por ellos.

Gracias a los amores, a los clandestinos, los insitucionales, los de verdad, los platónicos, los de facebook, los que quisieron llegar y que no phedieron, pero que hoy por hoy siguen jodiendo, aunque saben que no llegaran. A ti por esos 5 meses, bien bonitos, por cierto. A los que llegaron ahora y los que vendrán. Claro, como no reseñar a los muertos y enterrados.

Gracias por esos dos sobrinos hermosos que tuve la oportunidad de conocer. Una vez q los viera fue tiempo suficiente para amarlos inmensamente. Mis bebés.

Por mi trabajo, en el cual no me dan bono, después de haberme jodido todo el año, pero tengo trabajo, ¿No? Por mis compañeros, en especial por mi jefa, que es mi amiga, y casi madre.

A la vida, este ha sido un año hermoso, de muchas posibilidades y retos.

Gracias a los que me han ayudado y los que también, a la gente de Prensa Comunitaria por la oportunidad y por confiar en el talento. Por el Círculo de Oración de los miércoles, son gente buena.

Por mi retorno a la Gran Manzana, ha sido de lo mejor.

Hablar de resoluciones si que es una pérdida de tiempo, por eso, ni las menciono. Pero sin duda, retomo las que tenía pensada para el año pasado y lo hice. :)

Bueno, ya quedan horas. Y mucha vida. Así que le recomiendo al 2012 que se ponga guantes por que vengo con to'

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Limitación musical

En finales de semestre, finales de años e inicio del jolgorio renacen las inspiraciones. En el momento que tuve alguien haciéndome compañía, no me inspiré. Tal vez, por la pocas o nada ganas, o quizas no me despertaba el placer. No buscaré culpables, ni encontraré lagunas.

Me escondo en los sonidos árabes, imaginando grandes espadas y las víboras danzando entre las pieles de algunas, sólo para no escuchar las conservaciones ajenas. De vídeojuegos, por cierto.

Recordando aquellos días de soledad acompañada, pienso en los momentos de limitación. Limitación que hoy vuelvo a experimentar, por placer. Por joder. Placer, que está destinado ha vivirse. ¿Está permitido vivirse un placer limitado? Supongo que en el camino sepulcrar encontraré un atajo ilimitado. Nunca muevo fichas. Ellas se mueven solas, igual que la serpiente en el vientre de la gitana. No sé si los árabes son gitanos, pero, sino quiero saberlo.

Una música un tanto acelerada, me incita a descubrir una cultura vacía, únicamente por ese pavor inducido. Inducidas son muchas las sensaciones. Sensaciones ricas. Ricas cono el olor de un buen café. Un buen café es lo que necesito en ese momento. Momento, un solo momento es necesario para pensar. Pensar en algo  perfecto. Perfecta es la melodía que azota cada uno de mis sentidos, y digo mis sentidos porque no conozco los tuyos.

Tuyos pero con la quebrantada certeza que son mios. Mios por que quiero. Todo lo que yo quiera, aun sea lo ajeno lo determino yo. Determino que esta última canción es de nosotros.

Nos(otros).

martes, 29 de noviembre de 2011

Común

Mientras le gano una batalla más al sueño, y me dedico a combatir amores al azar, pienso en la posibilidad de experimentar algo muy común. Tan común como el color moreno en Loíza, tan común como el comején, y tan común cono los adornos rojizos de estas festivas épocas.

Pero poco usual en una mujer como yo. Tal vez, esa sea la clave, que no todas las mujeres son como yo; y por eso están común. No me atrevo por que quiero conocer eso, pero al extremo, con una implicación, algo más carnal, ¿me entiendes? Tan carnal como ese último muslo de pavo que mamá se comió hoy.

Dudo aceptar, no sé si esta bien o no, pero la tentación y el gusto es tanto, que aceptaría aún sabiendo lo que puede pasar y lo que se puede evitar. No es cobardía, ni rebeldía. Sólo es algo y con el sueño he perdido el hilo principal, ciertamente la goma del lápiz esté en proceso de caducación. Sé que no tiene nada que ver.

No queda mucho que decir porque lo poco se perdió. Aun así, entre diente y garganta, entre personal y alma, queda algo. Una ilusión, una inquietud, una pregunta, un comentario, un beso o una burla barata. Ese algo, no lo sé. Sin duda el beso está buscando plasmarse en otros labios sedientos que carecen de personalidad y no de nombre y apellido.

Desconozco el fin. Y me disfruto el medio.

No quiero ni lo uno ni lo otro pero hay necesidades.

Necesidad de una razón para negarme, bueno... otra más.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Homofóbico, pero solidario


A una semana del revolú, hago mis primeras declaraciones. Hablaremos sin nombre. Aquellos que se sientan identificados, se reconocen, pero como no quiero utilizar plurales, ni entrar en generalizaciones me concentro en mi objetivo.  Para ser más directa, tú amigo ‘encorbatado’, de canas de “sabiduría”, de esas que suelen reactivar hormonas de más de cuatro décadas. Tú amigo, que eres alto, según tu humilde altanería, robusto, apuesto y hasta inteligente. No hablaré más de tu posición legislativa – senatorial – presidencial – de mandamás; para estar ahí no importan mucho los estudios…más bien una buena membresía en Clubman y uno que otro yate en el Club Náutico. Claro, jugar tenis, golf, tener una chequera, un bolígrafo con un baño en oro y beber coñac.  

Estoy sorprendida, pensaré que Irene pasó por tu cama. Te estrujó y te cambió. Aún falta para la Semana Santa, no adjudicaré tu cambio a un milagro del altísimo. Todos menos eso. Antes de tu alarmante cambio, eras un homofóbico, desconsiderado, retador, burlón, y egocéntrico. Ahora todo lo contrario.

No sé qué pensar. Eres galán renovado…casi mesías. Parecido a tu amigo Pedrito.

Todavía, no sé qué pensar, entre tantas vueltas que le doy al asunto. Resurgió la mierda.

Algo como:  “Puerto Rico está cansado del bla, bla, bla del presidente de PPD y el cua, cua, cua de Eduardo Bhatia”. (al menos nunca he visto fotos de Bathia)

 "…que Puerto Rico se convierta en una especie de Sodoma y Gomorra.


“Aquí en el Senado no le vamos a dar paso a ninguna enmienda que tenga que ver con matrimonios del mismo sexo y dándole derechos que no tiene nadie más. La comunidad gay y lésbica tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano“. Tienen exactamente los mismo derechos”, dijo. Los homosexuales no se pueden casar, le recordó una periodista.  “Los heterosexuales tampoco se pueden casar con personas del mismo sexo

Recuerdo con claridad lo que dijiste. Las que dices. Las mismas que hoy por hoy se usan en tu contra. Al menos yo. Palabras que tanto estremecieron a tu pueblo, el que te tiene ahí, al que le has dado culo. Ups, culo. Término peligroso en la actual historia de mi país. Y más cuando tú, gran varón, hombre de bien, sirvo del Dios, recto como nadie, intocable, que tanto apoyo has demostrado a tu compinche senatorial. Tú que cuando “hablas” el pueblo se caga. 

Te tenemos un miedo.

Se me antoja recordar, como no mencionar tus declaraciones contradictorias: “Las circunstancias que han tocado la renuncia de Arango son muy lamentables. Confío que con la dimisión del legislador podamos dar por terminado este asunto y nos enfoquemos en la discusión de los temas importantes para nuestro pueblo. Exhortó a que más allá de cualquier opinión que se pueda tener sobre este incidente, se entienda que la familia del senador Arango también merece respeto y consideración”.

Solidario por demás… y pensar que las fotos de su amigo fueron divulgadas en una aplicación para encontrar parejas del mismo sexo.

¡Qué ironía!

Pero sigue así, homofóbico pero solidario. Hipócrita. 

jueves, 5 de mayo de 2011

Crónicas de una runner

Nunca imaginé correr más allá a la carrera del pavo, o menos que eso los 50 metros en el field day escolar. Pero la vida me llevó a esto, a correr para dar la milla extra. No uso patines, ando a pie. La situación económica, la falta de escolaridad y el aburrimiento constante me inspiraron para ser lo que soy hoy. No aspiro a mandar, con correr, caminar, huir, brincar verjas, y pasar sustos me conformo. Recuerdo aquel primer día, anda en mahones, camisa amarilla –para la suerte- unas chancletas que me regaló papá el verano pasado, una botella de agua… y aquel paquete. Fulano, por no mencionar un nombre que no sé, me dio aquella bolsa color marrón bastante pesada, por cierto. Nunca pregunté. El contenido era lo de menos, pero el olor era fuerte, de esos que son reconocidos por perros policías. Esa tarde de noviembre estaba nerviosa, bailando en el vaivén de la brisa navideña, tenía frío pero estaba caliente. Tal vez era, por ser la primera vez. Nadie sabía para dónde iba. Yo tampoco. Me sentí en una película de misterio, todavía no habían GPS, pero la voz del "mandamás" me daba instrucciones: “Llega al tren, bájate, dobla, te esperan un carro azul, móntate, te bajas en la próxima luz, cuida el paquete, no llames la atención, mira para todos los lados, cruza, cuidao’ con el carro… cuídate”, escuchaba por el otro lado. ¿Cuídate? Eso me sorprendió, ¿escuche bien? Aquel que daba ordenes, se procupa por la realidad de su runner, de su niña la runner. Entregue y recogí el dinero. Todavía ando a pie aunque más segura, pagan bien, como para estudiar. Mientras unas mueven el culo y regalan las tetas, entre barrio y barrio hago cardio, entrego paquetes y de vez en cuando saco tiempo para escribir las crónicas de una runner.

martes, 22 de marzo de 2011

Cita con el Leonismo

Burlas y mofas fueron el saldo de mi confesión. Cuando anuncié el tema de mi crónica final, una gira a Camuy con el Leonismo, mis compañeros y mi querido profesor -querido para que no se sienta mal- se echaron a reír. Aquel momento me hizo recordar las burlas que le propicié a mi amiga Mabel, como parte de mi ignorancia, cuando me dijo por primera vez, “Soy leona, me metí a un Club de Leones”.

Luego de una semana de espera, trabajos finales y residuos de burlas, llegó el día: domingo de misa y road trip. Antes de lanzarme al viaje, pautado para las siete de la mañana, la única mujer que logra descontrolar mis sentidos tan temprano, se antojó de un favor.

- Cómprame un jabón de lavar, dijo.
- Mami, no puedo… voy tarde, refunfuñé.
- Cómpralo te dije, balbuceó.

Después de sobrevivir ese rafagazo mañanero, supe que lo que venía no era fácil. Compré el jabón, y seguí en la mía. Media hora más tarde llegué al punto de encuentro: el estacionamiento del Banco Popular de Barrio Obrero.

Tal como lo esperaba, me recibió Doña Gaby con su flamante libreta amarilla. Ella, una señora mayor, humilde, ambiciosa y calculadora, no me preguntó quién era, ni qué quería. Sólo dijo, “son $20 pesos”. Ese fue el costo de un “paseo leonístico” y el precio de una nota. Se los di como quien no quiere la cosa y antes de poner el primer pie en aquella guagua, respiré hondo.

Al subir, miradas curiosas, sonrisas sosas, fruncidas de ceños e ignoradas, bombardearon mi cuerpo. A la gran acogida, se sumó una garata entre compañeras leonas, todo porque otra miembro del club que había cancelado el paseo anterior no vino tampoco a éste. El mundo es nuestra selva estremecida, dice el primer estribillo del himno del Club de Leones, y al parecer se lo toman muy literal. Destellos de malas palabras se oyeron en aquella trifulca, mientras los murmullos se confeccionaban en la parte de atrás del autobús, ese rincón usualmente caliente como una cocina y que esa mañana estaba helado. Hacía frío.

Ya acomodada en un lugar supuestamente estratégico, le pregunto a una compañera leona, como si sacara mi as bajo la manga:

- ¿Para dónde vamos? (En realidad sabía la respuesta, pero no esperaba su reacción prepotente)

- ¡Para Camuy!, contestó, mientras me regalaba una mirada por encima del hombro.

Me senté a su lado con la firme convicción de entablar conversación. Todo el tiempo me ignoró.

Doña Gaby continuaba en la acera, haciendo lo mejor que hace, cobrar dinero. Gaby lleva cuatro años como tesorera en el Club de Leones de Villa Palmeras, del Distrito 51-Este, y al parecer no piensa pasar la batuta. Minutos antes de arrancar, llegó un grupo de cinco personas, sinónimo de cien dólares adicionales.

Son las 8:28 y nos vamos. Una chicharra anunciaba la salida y la ruta, a la vez que dirigía un regaño a los ausentes. Para musicalizar el ambiente, el chofer, un calvo que vestía camisa amarilla, no se decidía entre Bob Marley o Monchi y Alexandra. Cuando al fin lo hizo, eligió una bachata religiosa, según él porque era el primer Domingo de Adviento. La canción se repitió entre 15 a 20 veces.

- Baja eso, a sonao’ la misma canción como 17 veces, gritaron de la parte de atrás de la guagua.

Hicimos la primera parada en la Avenida Roosevelt para recoger una leona. En total éramos 21 pasajeros. Los primeros 30 minutos de viaje no pasó nada interesante, salvo una rifa que tuve que comprar, y que la señora que al pricipio me contestó estrujao’, colocó a mi lado una bolsa plástica, de seguro para los vómitos.

Segunda parada: peaje de Toa Baja. El hambre atacó y las vejigas se descontrolaron. Me bajo para buscar algo que monchear en una maquinita y hacer una llamada.

- Mami, estoy viva. Todavía no me ha atacado en esta multitud de leones, jajaja.
- Anita, no vaciles. Hablamos después, dijo antes de colgar el teléfono.

Cuando regresé al colectivo, pasaron lista y el único nombre que mencionaron fue el mío. Como si aún estuviese en escuela elemental. Imagino que se debió al afán de facultar a las próximas generaciones. El Club de Leones plantea que los programas juveniles constituyen una inversión en el futuro y por ende, intentan captar la participación de los jóvenes… A eso le tengo miedo. Una amiga leona me lo advirtió…

Reanudamos el recorrido hasta nuestro destino final. Mientras releía unos papeles, me escondía del frío y sonreía con unas señoras, un gran merengue navideño quebrantó el silencio sepulcral que había allí. Pasamos cerca de Palo Seco y la playa de Levittown. En lo que unos charlaban y miraban los shoppers -buscando lo que se le quedó en la venta del madrugador- otros dormían, yo observaba y una señora regalaba galletas Ritz. Una verdadera leona: conocía el significado de compartir, una de los valores más importantes del Leonismo Internacional, movimiento que llegó a Puerto Rico en el 1936. En ese momento la Isla pasó a convertirse en el décimo país en el mundo en tener Leonismo. Esta organización era exclusivamente para hombres hasta el 1987 cuando la Asociación Internacional de Leonismo aprueba el ingreso de damas a los clubes.

Ya terminado el repertorio de canciones navideñas –desde Temporal, temporal hastaTanta vanidad, tanta hipocresía- hicimos la tercera parada: El Buen Café en Hatillo. Aentro, los 21 miembros se disiparon y cada cual tomó su rumbo. Para mi sorpresa, en la mesa próxima a la mía comía un grupo de siete, eran familia y todos leones. Los leones de la selva son animales especialmente sociales en comparación con otros felinos. Estos, por su parte hablaban de todo. De los pastelillos de La Bodega, de las alcapurrias, del leonismo, los gobernadores, senadores, legisladores y sopla potes… hasta de los personajes de El Chavo del 8. En personajes se convirtieron Juan y una señora con estilo madrileño. Por cierto, nunca supe el nombre.

La madrileña, como le bauticé, vestía chaqueta rojiza, botas, gafas y pantalón marrón. Se distinguió por su acento español y lo puro de su vocablo. Chaval y endulzador artificial, fueron algunas de las palabras que pronunció a viva voz. No sé si lo hacía por eso de ser domingo, pero de que tenía gran uso de las palabrasdomingueras, lo tenía.

- Yo sería feliz con café y cigarrillos, expresó con firmeza, mientras añoraba regresar a la Madre Patria.

El compañero león Juan, aunque es invidente, goza de gran sentido del humor. Bromea con todo y sus chistes más frecuente carecen de un sentido, pues tienen dos. A la mayoría de sus compañeras leonas les incomoda esa socarronería. La única que logra un poco de control sobre él es su esposa Sandra. Ella sabe verdaderamente cuál es su función en el leonismo: domadora. Las domadoras son las esposas de los socios que no están iniciadas en los clubes.

Los clubes hacen sus actividades sociales de servicio comunitario con fondos que son aportados por ellos mismos o en actividades de recaudación. Actualmente, existen 124 en la Isla, lo que equivale a 20,000 socios. En el leonismo hay de todo… hasta cachorros.

Salimos de El Buen Café y nos dirigimos a Camuy. Después de cuarenta minutos de viaje llegamos al final del camino: El Potrero y Cafetería Brisas del Mar. Aquí cada cual tomó por su lado como de costumbre. Tuvimos que llegar a Camuy para que Alejandrina, compañera leona, me invitara a compartir su mesa.

Luego del acercamiento de Doña Alejandrina, recibí otra invitación. Esta vez para un paseo en trolley. Acepté. Y para mi suerte, pagaron el boleto. El recorrido se resumió en 15 minutos, nada más allá que casas, posas, áreas verdes y un flamingo. De regreso al potrero, se contabilizaban las ganancias del viaje, se cuadraban los números de la rifa, mientras los leones que quedaron saciaron el hambre. Como dice un amigo: “Es que pican más que cuchillito e’ cumpleaños.”

Pasado el tiempo llegó la orquesta invitada, y rápidamente montaron los instrumentos. Reafirmaban su puertorriqueñidad con un par de congas con la monoestrrellada. Los cuatro integrantes vestían de negro como mimos. Pasados 12 minutos no pasó nada cautivador, más de lo mismo. Música mezclada, movimiento comercial, empleados cargando cajas, cajeras cobrando, gente hablando. En eso llegaron las familias, los vecinos, los perros, el guacamayo, los dueños, los hombres solteros y las milfs… Los motoristas con sus habituales guantes de cuero, gorras oscuras, gafas negras –de esas que dicen “soy malo”, el peculiar bigote –bien machote-, no podían faltar. Miraban sus motoras Harley-Davidson con gran admiración. En ese momento no me fue difícil reconocer la buena música de fondo: “Quien te dijo a ti, que yo. Por siempre, seré para ti”, cantaba Ismael Rivera.

Entre el 1 2 3 probando y el bullicio de la gente, empezó el jolgorio. La música subió de volumen y la pista de baile se alumbró con los movimientos pélvicos de una pareja de bailarines del club de leones: Sandra la domadora y su compañero de pista, camarada que mantenía un parecido con el Caballo Negro, Johnny Ventura. Ambos hijos de la misma patria. Igual que Juan, el esposo de Sandra, este ‘león negro’ llamado Stanley, es invidente. Ellos reafirman el compromiso del Leonismo en Puerto Rico con el Banco de Ojos, la única institución en la Isla que provee córneas para trasplantes.

Después de la magnífica coreografía de Sandra y Stanley, llegó el momento de anunciar el ganador de la rifa. Por mi mala suerte, me quedé con las ganas. El baile, el sorteo y la llegada de un ángel salvador, le pusieron fin al pasadía leonístico en el norte del País. Eran las cinco de la tarde, es hora de irnos.

El viaje de regreso era largo, pero por fortuna no retorno con ellas a casa. Mi gran amiga Mabel me rescató. Luego de 9 horas y media con el Club de Leones de Villa Palmeras pensaré bien con el paso del tiempo, si presenciar la Semana Familiar del Leonismo. Y de hecho, son muchos los que se quedarán con las ganas de verme repartiendo comida en la Plaza Barceló de Barrio Obrero con el chalequito amarillo puesto. Pero como dicen por ahí: “lo último que se pierde es la esperanza”.